Caracas y La Guaira, Venezuela.- El duelo se ha apoderado de Venezuela donde hace apenas unos días había hogares llenos de vida, hoy solo quedan recuerdos, fotografías abrazadas con fuerza y lágrimas que parecen no tener fin, los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 han dejado una herida profunda en el país, con un saldo de 1,943 personas fallecidas, 10,571 heridas y un número aún indeterminado de desaparecidos.
En los cementerios de Caracas, las despedidas se suceden una tras otra, los ataúdes llegan sin descanso mientras familias enteras se reúnen para decir adiós a quienes perdieron la vida de forma inesperada, entre las escenas más conmovedoras estuvo la de una madre que, entre el llanto y la desesperación, dio el último adiós a su hija y a su nieto, víctimas de la tragedia que golpeó con mayor fuerza a La Guaira.
Los trabajadores funerarios han vivido días que jamás olvidarán, relatan que muchas de las víctimas pertenecían a una misma familia, obligando a realizar velorios conjuntos en una misma capilla, también aseguran que una parte importante de quienes perdieron la vida eran niños, una realidad que ha estremecido incluso a quienes diariamente enfrentan el dolor ajeno.
Los crematorios y cementerios continúan trabajando al límite de su capacidad para atender la emergencia, al mismo tiempo, las autoridades preparan nuevos espacios para dar sepultura a personas cuyos familiares no cuentan con los recursos suficientes, mientras las brigadas de rescate siguen removiendo toneladas de escombros con la esperanza de encontrar sobrevivientes.
Cada campanada de una iglesia, cada flor colocada sobre una tumba y cada abrazo entre familiares recuerda que detrás de las cifras existen vidas que quedaron truncadas, historias que ya no podrán escribirse y sueños que jamás podrán cumplirse.
Hoy Venezuela no solo enfrenta la reconstrucción de ciudades enteras, sino también la difícil tarea de reconstruir miles de corazones rotos porque cuando una tragedia sepulta familias completas, el dolor deja de pertenecer a unos cuantos y se convierte en el luto de toda una nación.























