(Crónica del espectáculo de medio tiempo)
Puede o no gustarnos el reguetón, podemos no entender todo lo el “Conejo Malo”canta, incluso, podemos debatir si fue o no el mejor medio tiempo. Pero lo que Benito Antonio Martínez Ocasio hizo en el Super Bowl no necesitó traducción: el idioma de su espectáculo fue el amor y la identidad.
En el Levi’s Stadium de Santa Clara, California —con más de 68 mil 500 asistentes y alrededor de 125 millones de espectadores— Bad Bunny tuvo menos de 14 minutos para enviar un mensaje al mundo y aprovechó su momento para presentar un show cargado de símbolos, protesta con ritmo de reguetón y orgullo de identidad, que inició con la frase: “Qué rico es ser latino”.
Cada detalle del primer espectáculo en la historia del Super Tazón que se canta en español, estuvo perfectamente cuidado; con un inicio a modo de película antigua, la aparición de emprendedores, trabajadores latinos y de los viejos reunidos, Bad Bunny lanzó su primer grito: “las mujeres en el mundo entero perreando sin miedo”.
El show continuó con la música de los barrios de su Puerto Rico natal y un segundo grito: “Si hoy estoy aquí es porque nunca dejé de creer en mí; tú también deberías creer en ti”, ya para este momento, habíamos visto en su casita rosa puertorriqueña la aparición de más símbolos como la familia tradicional hispana, y afuera a artistas de la talla del español Pedro Pascal, la colombiana Carol G y la norteamericana Jessica Alba que sumaron al mismo clamor.
Las emociones ya eran suficientes, pero lo que siguió fue épico, después de una boda en vivo, aparece nada más y nada menos que la icónica Lady Gaga, cantando en inglés con ritmos latinos y bailando salsa, luego más identidad nuestra: “ese niño en la boda, al que sus papás pusieron a dormir en unas sillas pa’ seguir la fiesta”, y acto seguido, su tercer grito: “baila sin miedo, ama sin miedo”.
Luego de que Bunny entregará el Grammy a su niño interior, vimos a un Ricky Martin que sin protagonismos cantaba: “quieren quitarme el río, y también la playa, quieren el barrio mío y que abuelita se vaya, no suelte’ la bandera ni olvide’ el lelolai, que no quiero que hagan contigo lo que le pasó a Hawái”, con lo que a más de uno se nos puso la piel chinita, al recordarnos las luchas sociales de los pueblos latinoamericanos.
El clímax llegó con el cuatro grito: “God bless America”, seguido por la mención de cada uno de los pueblos que forman el continente americano, con un desfile de banderas de estas regiones, mientras aparecía en la parte de atrás un espectacular con la leyenda “The only thing more powerful than hate is love”, mientras mostraba en su mano un balón de futbol americano en el que se leía: “Together we are America», para botarlo al momento en que lanzaba su último grito:“seguimos aquí”.
Fue entonces cuando comprendí que las lágrimas corrían por mis mejillas; yo que tantas veces cuestioné este género musical, encontré en ese cierre un eco personal: el recuerdo de mi padre, un inmigrante que trabajó durante años para un empresa en Chicago, Illinois y quien me recitaba a menudo la frase que sus compañeros “ilegales” le decían: “aquí estamos y de aquí no nos vamos, y si nos echan nos regresamos”.
Por: Elvia Luna






















