Ciudad de México.– La música se detuvo por unos minutos, pero el silencio que inundó el Auditorio Nacional dijo más que cualquier canción. Frente a miles de asistentes, integrantes de colectivos de madres buscadoras subieron al escenario el pasado fin de semana junto a la banda mexicana Caifanes para recordar que, en México, hay miles de familias que siguen esperando el regreso de un hijo, una hija, un hermano o una madre desaparecida.
Con fotografías colgadas al pecho, fichas de búsqueda en las manos y el dolor reflejado en el rostro, mujeres pertenecientes a colectivos como Luciérnagas Buscadores, Hasta Encontrarles, Rastros de Amor y Familias Buscadoras del Ajusco caminaron entre aplausos y lágrimas sobre uno de los escenarios más importantes del país.
El acto no fue solamente simbólico. Fue un llamado urgente a no normalizar la tragedia de las desapariciones en México.
Mientras las luces iluminaban el recinto, el vocalista Saúl Hernández tomó el micrófono para enviar un mensaje de solidaridad a las familias que llevan años buscando a sus seres queridos. “No están solos, el gobierno es el gobierno, las instituciones son las instituciones”, expresó el cantante, provocando una ovación inmediata del público.
Las palabras resonaron con fuerza entre los asistentes, muchos de ellos conmovidos hasta las lágrimas al observar cómo las madres levantaban las imágenes de sus familiares desaparecidos frente a miles de personas.
Durante años, los colectivos de búsqueda han recorrido cerros, carreteras, desiertos y fosas clandestinas con sus propias manos, enfrentándose no solo al dolor de la ausencia, sino también a la indiferencia institucional, la inseguridad y el abandono.
Por ello, el gesto de Caifanes fue visto como una plataforma de visibilidad y empatía en medio de una crisis humanitaria que sigue creciendo en el país.
Aprovechando el espacio, las madres buscadoras también convocaron a la ciudadanía a sumarse a una movilización nacional programada para el próximo 11 de junio, con la finalidad de exigir avances reales en las investigaciones, justicia para las víctimas y acciones concretas para localizar a las personas desaparecidas.
La escena dejó una de las postales más conmovedoras de los últimos tiempos: un escenario que normalmente vibra con guitarras y canciones convertido en un espacio de memoria, resistencia y exigencia de justicia.























